Campo de concentración de Sachsenhausen

Un campo de concentración es uno de esos sitios a los que, ojalá, no tuviéramos posibilidad de ir nunca, porque nunca hubieran existido. Como por desgracia eso no es así, creo que es algo que hay que ver si o si, siempre que se tenga la oportunidad. Es verdad, no nos vamos a engañar, es una visita dura se mire por donde se mire. Quizá habrá personas más sensible que otras, pero sino te afecta, sorry pero no lo entiendo.

Era mi segunda vez en un campo de concentración, la primera fue Auswitzch. Creí que, precisamente por tener ya una experiencia previa, no iba a tener esa sensación de primer impacto que te da algo que no conoces de primera mano, pero vaya si me equivoqué…

Sachsehausen la historia
El campo de concentración de Sachsenhausen, se construyó por prisioneros de otros campos en 1936.

De inicio se pensó como un campo al que enviar a personas a trabajar para ‘redimir’ sus pecados o delitos (los que el régimen nazi consideraba como tal, claro) o simplemente por pertenecer a todos esos colectivos que los nazis consideraban inferiores social, racial y biológicamente hablando. De ahí que el lema grabado en sus puertas, cobre más sentido ‘Arbeit macht frei’ (el trabajo te hará libre).

Más adelante, hacía 1941, añadió una zona donde mandó a la mayor parte de judíos, que acabó por convertirse en la zona de exterminio.

Hasta 1945, pasaron por ese campo más de 200.000 personas entre las que hubo judíos, contrarios al régimen nazi, gitanos, presos políticos, homosexuales, religiosos… Los colectivos que comentaba antes.

Tuvo mucha importancia en el denominado III Reich, porque de allí salían las decisiones que, más tarde, se harían extensivas al resto de campos de Alemania.

Su fin llego el 23 de abril de 1945, dando la libertad a 3000 personas que aún seguían en el campo. Durante todo el tiempo que estuvo en activo, hubo muchísimas muertes, bien por culpa de los trabajos forzosos, por enfermedades, por frío, por hambre, por la experimentación médica que se hacía con los presos o por pruebas armamentísticas de los soldados de las SS.

Cómo llegar a Sachsenhausen

Tanto si vas por libre, como si lo haces con algún tour contratado, llegarás allí de la misma manera.

Desde Berlín hay más o menos una hora de trayecto hasta Oranienburg, hacia el norte, que es el lugar donde está ubicado Sachsenhausen.

Cuando lleguéis a la estación, tendréis que coger la línea S1 de tren (S-Bahn) en dirección Wansee-Oranienburg y bajaros en la última parada.

Ojo! Recordad que salís de las zonas AB, por tanto necesitaréis un billete ABC para llegar hasta allí y que no os multen (esto lo explicaré en otro post).

Una vez bajéis del tren, deberéis coger el bus n°804 que os dejará en la puerta (aseguraros que sea ese el bus porque, aunque hay algunos más que quizá te digan que si van, te dejan lejos y tendréis que andar unos 2km, como nos pasó a nosotros).

Debo decir que no hay demasiadas indicaciones hacia el campo, por lo que, sino os apetece andar, lo mejor es esperar este bus que pasa cada hora y coincide con las llegadas y salidas del tren, más o menos.

Horarios y precios 

El campo de concetración está abierto todos los días de la semana de 8:30 a 18:00 desde el 15 de marzo al 14 de octubre. Y de 8:30 a 16:30 del 15 de octubre al 14 de marzo.

Ojo! Los lunes cierran los museos, el archivo y la biblioteca.

Nosotros optamos por hacer la visita por libre, y coger una audioguía en español que nos costó 3€ y nos daban un mapa del campo con los números de cada lugar para seguir el orden tanto a pie como con el audio. Si queréis solo el mapa, sin audioguía, cuesta 0,50€.

La audioguía es muuuuy completa, incluso quizá demasiado. Te da información exhaustiva de lo que allí se vivió, con voces de testimonios y personas que lo vivieron en primera persona, lo que lo hace muy interesante y a la vez duro.

Está claro que con una visita guiada, no hay  color, porque es mucho más ameno, puedes preguntar, el tono no tiene porque ser siempre el mismo y los conocimientos de cada guía añaden un puntito más siempre a estas cosas. Pero nuestra elección se basó en el hecho de poder ir por nuestra cuenta, sin horarios ni tan cuadrados de tiempos.

Opinión personal

Personalmente, creo que es un lugar de visita obligada. Por más duro que sea, la historia se debe conocer y reconocer para no ser olvidada (aunque a veces eso se pasé por alto en algunos países, en Alemania tienen clarísimo que eso no va a repetirse ni en broma).

Me gustaría remarcar algo que escuchamos en la audioguía, cuando le preguntaban a un religioso superviviente de Sachsenhausen, que fue algo así como:

– Pero de verdad fue tan duro como cuentan?

– Fue 100 veces peor.

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